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El clima definirá una campaña que viene demorada, mientras China sostiene el precio

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Tras un enero seco que demoró el desarrollo del cultivo, buena parte de los lotes en el sur de Córdoba presenta un retraso de entre 20 y 30 días. La demanda china explica el sostenimiento del precio internacional para la industria aceitera.


El cultivo de maní en el sur de Córdoba, corazón de la región manisera argentina, transita una campaña marcada por contrastes climáticos y un atraso generalizado en su desarrollo.

Después de un enero con escasas precipitaciones que frenó la evolución del cultivo, las lluvias de febrero y comienzos de marzo permitieron una recuperación parcial. Sin embargo, el retraso acumulado podría condicionar el potencial productivo y la dinámica de la cosecha.

Esa es la lectura que surge de productores, asesores y empresas vinculadas a la cadena, que siguen con atención la evolución de los lotes en una región donde se concentra cerca del 80% de la superficie nacional.

El clima le pone el ritmo al desarrollo del maní

“En general, la campaña está con una disparidad importante. Hay algunos lotes, sobre todo los más australes, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, que recibieron lluvias durante enero y evolucionaron bien”, explicó Nicolás Cantoro, gerente de operaciones de la empresa manisera Olega.

Pero aclaró que esa situación no representa al grueso de la superficie. “El resto, que es entre el 80 y el 90% del área, está con un atraso importante por la falta de lluvias durante todo enero”, señaló.

Cantoro explicó a La Voz que la sequía de enero impactó especialmente en la fase reproductiva del cultivo, una etapa particularmente sensible a la disponibilidad de agua. “El maní es un cultivo indeterminado y espera el recurso hídrico para hacer las floraciones y los posteriores clavados y llenado de cajas. La falta de lluvias afectó esa primera etapa fuerte de floración y formación de vainas”, describió.

RECUPERACIÓN. Luegos de las lluvias de febrero, los lotes con maní en la zona de Río Cuarto mostraban una mejora en su condición. (Gustavo Rinaudo)

Sin embargo, la campaña no quedó completamente comprometida. Según el directivo, los buenos perfiles de humedad heredados del invierno y algunas lluvias primaverales permitieron sostener el cultivo hasta la llegada de las precipitaciones de febrero.

El ingeniero agrónomo Gustavo Rinaudo, asesor privado especializado en maní, analiza un panorama similar y coincide en que el cultivo logró recuperarse, aunque con un atraso significativo. “Alrededor de Río Cuarto, el maní está bueno, se recuperó después de estas lluvias, pero está muy atrasado. En promedio estamos hablando de entre 20 días y casi un mes de atraso”, explicó.

La cosecha de maní, postergada por el clima

Ese retraso tendrá consecuencias directas sobre el calendario de cosecha. “Se va a demorar la arrancada y, por consiguiente, también la trilla”, agregó el técnico.

En este sentido, el clima de las próximas semanas será determinante, considerando además un factor clave: la temperatura.

Cantoro lo resume de manera clara: “Siempre deseamos que marzo y abril sean meses calurosos. Si el frío llega temprano, determinará cuánto tiempo tendrá el cultivo para terminar de madurar sus granos”.

La misma preocupación comparte Rinaudo. “Ahora lo que necesitamos es calor. Los días ya se acortan y la evapotranspiración es menor, entonces cualquier exceso de humedad puede empezar a complicar el cultivo”, advirtió.

Además del atraso fenológico, la campaña se desarrolla con una menor superficie sembrada respecto del ciclo anterior. Según explicó Rinaudo, el ajuste responde a razones económicas y de mercado.

En la campaña pasada, Argentina implantó cerca de 520 mil hectáreas, una de las superficies más altas de su historia, lo que derivó en una producción abundante y en una fuerte presión sobre los precios internacionales.

“Ese plan de siembra tan grande nos dejó una cosecha muy importante, y eso impactó fuerte en los precios de exportación”, explicó Cantoro.

Como consecuencia, el sector decidió recortar área para reequilibrar la oferta con la demanda internacional.

“Venimos de una siembra que es aproximadamente un 25% menor que la del año pasado. El objetivo es ajustar la superficie para lograr volúmenes de mercado más adecuados, sobre todo pensando en Europa”, detalló.

Por su parte, Rinaudo coincide en que la superficie de siembra es menor en esta campaña, rondando las 410 mil hectáreas, cuyo motivo principal de ajuste tiene que ver con la caída en el precio del grano.

ESTADO. Luego del déficit hídrico durante enero, el cultivo de maní apura su desarrollo en el sur de la provincia. (Gentileza Olega)

Maní 2025/2026, con números ajustados

“El maní que al productor se le pagaba alrededor de U$S 900 la tonelada pasó a valer entre U$S 600 y U$S 650. Con los costos actuales y los valores de los arrendamientos, en campo alquilado el número quedó muy ajustado”, explicó. Más allá de las hectáreas, el rendimiento también podría caer respecto del año pasado.

Cantoro considera que el potencial de la campaña actual está por debajo del ciclo anterior. “No vemos rindes en los valores del año pasado, posiblemente estén por debajo”, anticipó. Rinaudo hace una estimación similar para la región de Río Cuarto.

“Acá en la zona podemos estar entre un 10% y un 15% menos que el año pasado”, señaló. No obstante, el asesor aclara que el impacto productivo podría compensarse parcialmente con el mejor desempeño de otras regiones. “En el norte de Córdoba, los maníes están muy buenos, y también en Buenos Aires, nordeste de La Pampa y suroeste de Santa Fe. Por eso, a nivel general, la producción va a bajar más por la menor superficie que por los rindes”, sostuvo Cantoro.

La sanidad, una cuestión para monitorear en los lotes

Otro factor que empieza a preocupar es la presión sanitaria. El atraso en el cierre del surco permitió que las malezas ganaran terreno durante buena parte del verano.

El referente industrial remarcó: “El cultivo no había logrado cerrar sus surcos hasta hace un par de semanas. Con esos surcos abiertos, la maleza ejerció presión durante todo febrero”.

Ahora, con las lluvias y la mayor humedad ambiental, el foco se trasladó hacia las enfermedades. “Pasamos de una presión de malezas a una presión de enfermedades. Con el clima húmedo, aparecen viruela, esclerotinia y otros problemas sanitarios”, señaló.

Estas enfermedades no solo pueden afectar el rendimiento, sino también la calidad del grano, un aspecto crítico para la exportación.

Las lluvias también pueden complicar la cosecha si se combinan con suelos saturados. Rinaudo explicó que la arrancada del maní requiere condiciones muy específicas de humedad en el suelo.

“No es lo mismo arrancar con el suelo en capacidad de campo que hacerlo con barro”, indicó. Si el suelo está demasiado húmedo, aumenta el riesgo de pérdidas. “Se pega tierra a la planta, queda barro en la hilera y después empieza a pudrirse la caja”, explicó.

Más allá de los desafíos productivos, el mercado internacional sigue siendo el gran motor de la cadena. Argentina exporta la mayor parte de su producción y Europa continúa siendo el destino dominante.

“El mercado que justifica la actividad manisera argentina es el europeo. Aproximadamente el 70% de nuestras exportaciones van a Europa”, explicó Cantoro.

China, el factor de mercado para mantener los precios

Sin embargo, en los últimos años apareció un actor clave para sostener los precios: China.

Según un informe de octubre 2024 publicado por Global Market Insight, una empresa de investigación de mercado, las ventas de aceite de maní crecerán a una tasa anual compuesta superior al 3,4% entre 2024 y 2032.

El reporte asegura que la región de Asia-Pacífico sigue siendo el mercado más grande, liderado por China e India. Entonces, si el precio del maní para snack cae, la industria aceitera sostiene esas compras porque lo destina a materia prima para aceite, esto crea un piso de demanda, con lo cual, cuando el mercado de consumo humano se debilita (Europa), la industria aceitera absorbe ese volumen (China).

Mientras tanto, el sector también observa oportunidades en el acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea. Actualmente, el principal producto exportado es el maní blanchado, seguido por el maní crudo y tostado, además de pasta y aceite. Pero el acuerdo podría abrir nuevas oportunidades para productos de mayor valor agregado.

“En el futuro, podríamos avanzar más en productos de góndola, como snacks, pasta de maní o manteca fraccionada”, planteó Cantoro. Productos que hoy enfrentan barreras arancelarias en Europa, según explicó, y que podrían reducirse gradualmente con el acuerdo; “habilitando nuevas inversiones en agregado de valor y packaging”, indicó.

Maní: el mercado internacional, con nuevas exigencias

En paralelo, la cadena trabaja para adaptarse a nuevas exigencias del mercado internacional, vinculadas con la sustentabilidad y la trazabilidad. La documentación de prácticas productivas, la medición de huella de carbono y la trazabilidad completa del producto son requisitos cada vez más relevantes.

Con ese objetivo, el sector creó en 2024 un área específica de tecnología e innovación dentro de la Fundación Maní Argentino. Esa iniciativa derivó en el evento TecnoManí, realizado el año pasado en Río Cuarto, donde empresas tecnológicas, investigadores y startups presentaron soluciones para la cadena.

La agenda de innovación continúa este año con la participación del sector en el World Peanut Meeting, que acaba de terminar en Mendoza y con una nueva edición del Circuito del Maní, que se llevará a cabo la próxima semana en General Cabrera.

Mientras tanto, en los campos del sur de Córdoba la campaña sigue abierta en un cultivo en el que cada día de calor puede traducirse en más rendimiento.

Fuente: Fernanda Bireni (Especial) – La Voz

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