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Ley de Semillas: el costo oculto de no proteger la genética en Argentina

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En un contexto donde el maní argentino se posiciona como líder mundial en calidad y exportación, el debate sobre la Ley de Semillas y la propiedad intelectual se vuelve indispensable. Juan Soave, director de Criadero El Carmen, puso el foco en una problemática estructural: la falta de reconocimiento al trabajo de los mejoradores genéticos en…


“El sector manicero ha crecido muchísimo, con empresas muy fuertes, pero quienes desarrollamos las variedades seguimos sin el reconocimiento que existe en países como Brasil o Estados Unidos”, señaló.

Soave explicó que detrás de cada nueva variedad hay años de investigación, inversión y riesgo. Sin embargo, en el país ese esfuerzo no se traduce en un sistema claro de regalías o protección al derecho del obtentor. “Nosotros estamos creando e innovando, pero es como que no vale. Es una situación injusta”, remarcó.

El impacto de esta falta de reconocimiento no solo afecta a las empresas de genética, sino a toda la cadena productiva. Como ejemplo, mencionó el desarrollo de variedades resistentes al carbón, una de las principales enfermedades del cultivo. “Si hubiéramos tenido más apoyo, esas variedades podrían haber estado disponibles dos o tres años antes. Eso hubiese significado entre 60 y 70 millones de dólares adicionales para Córdoba y los productores”, afirmó.

En este sentido, advirtió que la demora en generar incentivos adecuados para la innovación termina perjudicando al propio sector. “No se está viendo que esto retrasa soluciones que podrían llegar mucho antes”, sostuvo.

El director de Criadero El Carmen también vinculó esta situación con lo ocurrido en otros cultivos, como la soja. Recordó que Brasil logró superar a Argentina en rendimiento gracias, en parte, a un sistema que garantiza el recupero de la inversión en genética. “Las grandes empresas se fueron de Argentina porque no podían recuperar lo que invertían. Los mejores materiales van a donde eso sí se reconoce”, explicó.

Juan Soave, Director de Criadero El Carmen

A diferencia de ese escenario, el maní presenta una particularidad: no cuenta con grandes compañías multinacionales detrás del desarrollo genético, sino con empresas locales, muchas veces de menor escala. “Nosotros somos una empresa chica, que nació haciendo semillas. Por eso necesitamos imperiosamente una ley que funcione”, subrayó.

Lejos de plantear exigencias desmedidas, Soave aclaró que el sector busca reglas claras y razonables: “No pedimos nada raro, incluso menos de lo que se paga en Estados Unidos, donde además los mejoradores tienen apoyo estatal”.

Para el especialista, contar con un marco adecuado permitiría potenciar aún más el desarrollo del maní argentino. Más inversión en investigación, incorporación de recursos humanos y una mayor capacidad de evaluación en distintos ambientes son algunas de las oportunidades que se abrirían.

En ese camino, también aparecen desafíos sanitarios de escala global, como la aflatoxina, una enfermedad de gran impacto en el cultivo y con riesgos para la salud humana. “Tenemos materiales únicos en el mundo que podrían aportar resistencia, pero necesitamos recursos para poder explorarlos en profundidad”, destacó.

Finalmente, Soave se mostró optimista respecto al futuro: “Creo que en algún momento esto va a cambiar. Es una necesidad muy grande para el país y para el sector”.

El debate sobre la Ley de Semillas no solo involucra cuestiones legales o económicas, sino que define, en gran medida, la capacidad de Argentina para seguir liderando en innovación y producción dentro del complejo manicero.

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