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Cultivos de cobertura para el control de malezas: ¿sí o no?

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Después de la peor sequía en décadas, su inclusión puede ser una estrategia para mantener a raya las especies difíciles. Cómo y cuándo hacerlo.


Luego de tres años consecutivos de sequía, con un déficit hídrico que se agudizó en la primavera y el verano, agravado por las elevadísimas temperaturas, muchos productores que suelen incluir en sus esquemas de manejo el uso de cultivos de servicios para el control de malezas, están en duda, ya que temen por el consumo de agua que implicaría. Sin embargo, en el escenario actual, mientras se aguarda por la llegada de las lluvias que, según anticipan, traería el Niño, su siembra podría ser una buena estrategia.
 
En el sudeste de Córdoba, donde produce y trabaja como asesor el ingeniero agrónomo Santiago Lorenzatti, esta campaña los rendimientos de los cultivos de verano cayeron entre el 50% y el 60%, en promedio, respecto de los rindes habituales. “En esta situación, para mantener la rotación, uno iría en muchos casos a trigo y otros cultivos invernales de cosecha, pero este año se van a ver dificultados por la falta de precipitaciones. De no mediar lluvias importantes, el agua acumulada sería escasa y las chances de obtener rindes buenos sería baja”, explica el ingeniero.
 
Contrariamente a lo que podría pensarse saliendo de un año seco, esto abre una oportunidad para los cultivos de cobertura. Si bien el agua en el perfil es poca, "es suficiente para generar algún tipo de servicio, como por ejemplo, el caso del centeno, que permitiría generar cobertura, raíces y, principalmente, competir con malezas difíciles, por eso, en estas circunstancias, la siembra de cultivos de servicios es una alternativa válida”, asegura Lorenzatti.
 
En esta lógica, es fundamental adelantar lo máximo posible la fecha de siembra del cultivo de servicio. De acuerdo con el asesor, lo ideal sería hacer siembras aéreas con avión en precosecha de maíz o al voleo con alguna fertilizadora. De esa forma, “se podrían ganar aproximadamente veinte días y haría que el servicio se preste antes, dando mayor versatilidad para secar el cultivo de servicio una vez que alcance un volumen importante”, señala. Sin dudas, este año, será clave determinar el momento correcto de interrupción del cultivo de servicio, pensando en una buena recarga del perfil de cara al siguiente cultivo estival.
 
“Cuanto más restrictivos sean los ambientes, es decir, en suelos someros, con escasa capacidad de retención o que se saturan rápidamente con cualquier exceso hídrico, es donde más fácilmente se justifican los cultivos de servicio ya que el agua que consumen se va recuperar después con cualquier lluvia primaveral", sostiene Lorenzatti. Y por otro lado, agrega, "son los ambientes que más necesitan este tipo de mejoras”.
 
Los cultivos de cobertura generan beneficios ecológicos y económicos en los sistemas de producción agrícola, y son una herramienta de manejo clave para el control de malezas. La competencia, los efectos alelopáticos y la barrera física de los residuos en la superficie del suelo, son las armas más importantes que tienen para la supresión de las malezas.
 
La desventaja principal de incluir un cultivo de servicio en el contexto actual podría ser, claro, el consumo de agua pero, en caso de sembrar temprano, eso se vería compensando por el adelantamiento del momento de secado y por las lluvias que los pronósticos anticipan para la primavera y el verano.
 
Según la ingeniera agrónoma Andrea García, técnica del INTA Oliveros, un punto esencial a tener en cuenta es la correcta elección de la especie del cultivo de cobertura, ya que a esta altura del año y en este contexto, se debería elegir una de rápido crecimiento inicial.
 
Para que un cultivo de cobertura cumpla con su función de control de malezas, es necesario que acumule cierta cantidad de materia seca. Algunos trabajos indican que se requieren al menos 5.000 kilos por hectárea. Un estudio realizado en INTA Oliveros determinó que para esa zona de influencia, la base para lograr un control aceptable se ubicaría por arriba de los 4.000 kilos de materia seca por hectárea.
 
Si se quiere alcanzar esos volúmenes, “lo más recomendable es sembrar a principios del otoño, a fin de brindarles mejores condiciones de temperatura y fotoperíodo al cultivo de cobertura; de esa manera emerge antes, comienza a acumular materia seca y empieza a competir con las malezas”, explicó la especialista del INTA. Siembras más demoradas, en condiciones de bajas temperaturas y con menor cantidad de horas de luz, generarían una emergencia y un crecimiento más lentos, y el cultivo de servicio tardaría bastante más tiempo en acumular materia seca para hacer un buen control. Sumado a eso, “en junio y julio se dan los picos de emergencia de muchas malezas difíciles, por lo tanto, si se siembra un cultivo de cobertura ahora, no va a estar suficientemente desarrollado para que genere un buen control de malezas”, advirtió García.
 
De todas maneras, “si se decide sembrar un cultivo de cobertura ahora, se debe elegir muy bien la especie, que sea de rápido crecimiento inicial para que genere mayor cobertura lo antes posible, que se adapte a la zona, y usar semilla de muy buena calidad”, remarcó. El centeno, por ejemplo, por su rápido crecimiento sería una buena opción, no así la vicia por ser mucho más lenta.
 
La ingeniera consideró que “no es mala idea cambiar de estrategia y hacer un cultivo de servicio al voleo en lugar de uno de cosecha que consume más agua”. Pero subrayó que “es fundamental ver cómo viene el año, ir monitoreando muy bien el contenido de agua en el perfil y secarlo antes”.
 
Por Kitty Vaquero – Clarin Rural

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Actualizado a: 14/05/2024

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