El fenómeno climático encendió la preocupación entre productores y técnicos por el posible impacto sobre la calidad comercial del grano y las pérdidas económicas que podrían derivarse de un escenario complejo en plena recta final de la campaña.
Según el último reporte agrometeorológico difundido por la Bolsa de Cereales de Córdoba, el 18 de mayo se registraron temperaturas mínimas de hasta -9,7 °C en distintas regiones productivas, en el marco de una masa de aire frío que afectó a gran parte del territorio provincial. El informe señala que las heladas fueron de “intensidad significativa” y advierte específicamente sobre los lotes de maní en fase de arrancado, debido a la exposición directa del cultivo al frío.
El problema no radica solamente en la magnitud de las temperaturas, sino también en el momento en que ocurre el fenómeno. La cosecha de maní en Córdoba todavía presenta retrasos importantes respecto de los promedios históricos, producto de las lluvias registradas durante abril y principios de mayo, que complicaron el ingreso de maquinaria y demoraron las labores de trilla. En muchos campos, el cultivo permanece arrancado desde hace varios días, esperando condiciones adecuadas para avanzar con la recolección.

En el sistema productivo del maní, el arrancado constituye una etapa especialmente sensible. Una vez que la planta es invertida y queda sobre el suelo para completar el secado, el grano pierde parte de la protección natural que brinda el cultivo en pie. Si en ese período ocurren heladas intensas, la calidad puede deteriorarse rápidamente. El ennegrecimiento de vainas, la aparición de granos “helados”, el aumento de humedad interna y las dificultades posteriores de descapotado y selección son algunos de los riesgos que mencionan técnicos del sector.
El escenario climático se vuelve todavía más sensible teniendo en cuenta que Córdoba concentra cerca del 90% de la producción nacional de maní y es uno de los principales polos exportadores del mundo. Cualquier deterioro en calidad industrial o comercial repercute directamente sobre el negocio exportador argentino, especialmente en mercados exigentes como Europa.

De acuerdo con informes recientes vinculados al avance de cosecha, la campaña venía mostrando buenas perspectivas productivas luego de un ciclo climático más favorable que el de años anteriores. Las estimaciones provinciales proyectaban rendimientos sólidos y una recuperación respecto de campañas castigadas por la sequía. Sin embargo, las demoras en la trilla comenzaron a generar preocupación por la exposición prolongada del cultivo a condiciones ambientales adversas.
La Bolsa de Cereales de Córdoba ya había advertido en otras campañas sobre el riesgo que implica mantener lotes arrancados durante períodos extensos. Informes históricos de la entidad señalaron que los atrasos de cosecha, combinados con humedad y heladas, pueden derivar en problemas de calidad final del grano, presencia de tierra en caja, mohos y pérdidas de rendimiento.
En esta oportunidad, el fenómeno aparece agravado por la intensidad térmica observada. Medios especializados reportaron que la helada del 18 de mayo fue una de las más fuertes del año, afectando a más del 80% de la provincia.

A pesar de la preocupación, muchos productores intentan aprovechar las condiciones secas posteriores al ingreso del frente frío para acelerar las labores de cosecha. La falta de lluvias pronosticada para los próximos días podría transformarse en un alivio operativo y permitir que las máquinas vuelvan a trabajar con mayor continuidad.
Sin embargo, el interrogante principal pasa ahora por determinar cuánto daño real provocaron las heladas sobre los lotes ya arrancados. En varios casos, el impacto recién podrá medirse cuando avance el proceso de recolección y clasificación industrial. Allí se evaluará si hubo pérdida de calidad comercial, alteraciones en color y tamaño de grano o deterioro interno que afecte el destino exportador.
La situación vuelve a poner en evidencia la enorme dependencia climática que tiene la cadena manisera cordobesa. Aun en campañas con buenos rindes potenciales, una combinación de lluvias fuera de época, atrasos de cosecha y eventos extremos de frío puede modificar rápidamente el escenario productivo y económico.


















