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Súper Niño: un climatólogo cordobés baja el tono de las alarmas y explica qué puede pasar en la región

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En tiempos donde las redes sociales convierten cada anomalía meteorológica en una señal de alarma, poner la información en contexto se vuelve casi tan importante como conocer el pronóstico. Y en el agro, donde cada decisión implica importantes inversiones, distinguir entre una tendencia climática y un pronóstico concreto puede hacer una diferencia enorme.


Fernando Forgioni conoce de cerca ese desafío. Ingeniero agrónomo, magíster en Meteorología y doctorando en la misma disciplina, el profesional villamariense pasó seis años en Brasil, donde desarrolló su formación académica y trabajó junto a productores ganaderos, arroceros y maiceros de Rio Grande do Sul.

De regreso en Villa María, analiza el comportamiento del clima en la región y pone especial énfasis en separar la información científica del ruido que muchas veces circula en redes sociales.

El clima cambió, pero no todo es consecuencia del Niño

Durante los últimos años, muchos productores comenzaron a percibir modificaciones en el comportamiento de las lluvias: inviernos más húmedos, períodos secos que se extienden y eventos de precipitaciones intensas que parecen repetirse con mayor frecuencia.

 “El clima ha cambiado. Eso es innegable”, sostiene Frogioni. Y explica que una de las señales más claras está relacionada con las temperaturas: hay menos cantidad de días fríos y los períodos de frío intenso tienden a ser menos extensos. Eso no significa que el frío vaya a desaparecer. Por el contrario, pueden seguir produciéndose irrupciones de aire muy frío y eventos extremos. La diferencia está en su comportamiento y en la frecuencia con la que determinados fenómenos pueden presentarse.

Según explica, situaciones que históricamente tenían una baja frecuencia pueden comenzar a repetirse en períodos más cortos. Esa combinación entre temperaturas más elevadas y eventos extremos contribuye a una percepción cada vez más extendida entre los productores: “el clima está loco”. Pero detrás de esa percepción hay procesos que no pueden reducirse a un único fenómeno.

¿Qué hay realmente detrás del “Súper Niño”?

El Niño que se está desarrollando presenta características extraordinarias y continúa fortaleciéndose, con un marcado calentamiento del océano Pacífico. Sin embargo, eso no significa que todas las regiones de Argentina vayan a recibir automáticamente más lluvias.

“La atmósfera no sabe qué es Córdoba ni qué es Santa Fe”, explica gráficamente. Y allí aparece una de las claves para nuestra provincia: el Niño puede ser muy fuerte y, aun así, no generar un incremento significativo de las precipitaciones en buena parte de Córdoba.

“Para llevar un poco de tranquilidad acá en la zona, hay un evento del Niño muy fuerte, muy intenso, sí, pero en Córdoba el Niño no expresa un aumento significativo de la lluvia”, afirma.

Incluso señala que sus propios trabajos muestran que, para Córdoba, determinados años neutros pueden presentar mayores precipitaciones que años bajo la influencia del Niño. Pero la situación cambia a medida que se avanza hacia el este. Para la zona núcleo productiva, el escenario merece una atención diferente. “El impacto más fuerte del Niño generalmente es en primavera”, explica Forgioni.

Fernando Forgioni, Magister en Meteorología

Por eso, el litoral, el norte y parte de la provincia de Buenos Aires y el sur de Santa Fe aparecen como regiones donde el fenómeno puede traducirse en un aumento de las precipitaciones. En Córdoba, en cambio, la circulación atmosférica tiene características diferentes y hace que la señal del Niño sea menos determinante. La recomendación, entonces, no es ignorar el fenómeno, sino seguirlo sin caer en conclusiones automáticas.

El ejemplo de la tormenta de Santa Rosa resulta ilustrativo. El año pasado dejó alrededor de 100 milímetros en la región; este año pasó prácticamente sin consecuencias. “Ahí tenés un ejemplo claro de que el Niño tampoco es una cuestión por la que salir a buscar ya mismo una piragua o un kayak”, ironiza.

La frase resume buena parte de su planteo: hay que mirar el fenómeno, pero también todos los demás mecanismos de variabilidad climática que pueden tener una influencia incluso mayor sobre Córdoba.

El problema de pronosticar en tiempos de redes sociales

Uno de los puntos que más preocupa al especialista es la enorme cantidad de información meteorológica que circula actualmente. Una aplicación del teléfono puede indicar que mañana lloverá. Otra herramienta puede mostrar un pronóstico diferente. Un modelo puede proyectar una determinada situación a varios días. Pero, ¿qué significa realmente esa información? “Eso es un modelo. Y un modelo tiene errores”, explica.

Forgioni considera fundamental que productores y asesores conozcan las limitaciones de las herramientas que utilizan. El modelo matemático ofrece una representación posible del comportamiento de la atmósfera, pero el profesional debe interpretar esa información, contrastarla con observaciones y otros elementos y evaluar sus limitaciones.

Por eso reivindica el rol del Servicio Meteorológico Nacional y advierte sobre una época en la que parece que cualquiera puede convertirse en pronosticador. En el agro, el problema es todavía más sensible.

“Muchas veces los productores se ven bombardeados por mensajes”, señala, y recuerda que detrás de cada campaña agrícola hay enormes cantidades de capital en juego.

Tecnología, inteligencia artificial y un límite que no cambia

La meteorología también ha avanzado enormemente gracias al desarrollo tecnológico. Los modelos numéricos pueden procesar hoy cantidades de información que hace algunos años parecían imposibles y la inteligencia artificial abre una nueva etapa en la disciplina.

Pero hay algo que, según Forgioni, no cambia: la atmósfera sigue siendo extremadamente compleja. Las ecuaciones utilizadas para representar su comportamiento requieren aproximaciones y supuestos. Por eso ningún modelo puede reproducir perfectamente la realidad. Y allí aparece un elemento que considera fundamental: la observación. “Un dato que se pierde es algo que no se recupera nunca”, advierte.

Los modelos necesitan observaciones reales para ser calibrados y evaluados. Por eso cuestiona el deterioro de muchas estaciones meteorológicas convencionales y señala que las estaciones automáticas, aunque son una herramienta valiosa, también necesitan controles y calibración.

La tecnología puede procesar cada vez más información, pero necesita datos reales para saber qué tan bien está funcionando.

El meteorólogo seguirá siendo necesario

El avance de la inteligencia artificial abre una pregunta inevitable: ¿puede la tecnología reemplazar al profesional?. Para Forgioni, la respuesta es contundente: “Eso no va a ser nunca reemplazable”, afirma. Los modelos intentan reproducir la realidad, pero no son la realidad. Siempre existen supuestos, aproximaciones y errores que deben ser interpretados.

Por eso, lejos de imaginar una meteorología sin profesionales, considera que la evolución tecnológica probablemente genere todavía más trabajo especializado. “Tenemos trabajo para rato”, resume.

Y quizás allí esté una de las principales conclusiones de la entrevista. En un escenario donde el clima cambia, los eventos extremos pueden volverse más frecuentes y las herramientas tecnológicas son cada vez más sofisticadas, el desafío no pasa solamente por tener más datos.

Pasa por saber interpretarlos.

Para Córdoba, eso significa mirar el fenómeno del Niño con atención, pero sin trasladar automáticamente los pronósticos generales a la realidad productiva local. Y para el productor, tomar decisiones apoyándose en información confiable y entendiendo qué puede decir la ciencia y —tan importante como eso— qué todavía no puede decir.

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Actualizado a: 08/09/2026

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