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Drones agrícolas: una tecnología que acelera y también obliga a cambiar las reglas del juego

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La adopción de drones agrícolas crece a gran velocidad en Argentina, pero el avance tecnológico también plantea nuevos desafíos para prestadores y productores. Nicolás Marcucci, especialista en agricultura de precisión, analizó el presente de la herramienta, las claves para una aplicación eficiente y el impacto que ya genera en el manejo de los cultivos.


Hace poco más de una década, encontrar un dron agrícola en el Congreso Aapresid era prácticamente imposible. Hoy, la escena cambió por completo. Los drones forman parte cada vez más habitual del paisaje productivo y avanzan sobre tareas que hasta hace pocos años parecían reservadas exclusivamente a los equipos terrestres o aéreos tradicionales.

Para Nicolás Marcucci, especialista en drones agrícolas, el crecimiento de la tecnología es parte de un proceso más amplio de automatización del agro. “Estamos pensando en la automatización de un proceso, que es la aplicación de líquidos, de sólidos y la siembra con drones”, explicó.

Una de las principales ventajas de estos equipos es su capacidad para ingresar a lotes y ambientes donde resulta difícil trabajar con maquinaria convencional. En ese sentido, Marcucci considera que los drones ampliaron las posibilidades de aplicación aérea y encontraron rápidamente un lugar dentro de la agricultura de precisión.

Una tecnología que avanza demasiado rápido

El crecimiento del mercado también trae desafíos. Según Marcucci, la velocidad de renovación tecnológica obliga a las empresas de servicios a prepararse para invertir, mantener y actualizar sus equipos permanentemente.

Como ejemplo, señaló que mientras en Argentina se incorporaron masivamente modelos como los T50, ya existen en el mercado equipos con capacidades muy superiores, como los T55, T70 y T100. “Si las empresas no están preparadas para ir al ritmo que tiene la tecnología, quedan afuera”, advirtió.

El especialista también destacó que el negocio puede ofrecer buenos márgenes, pero requiere una gestión muy cuidadosa de los costos: mantenimiento, baterías, reparaciones y renovación de los equipos pueden determinar la rentabilidad del prestador.

Menos volumen, más precisión

Uno de los cambios más importantes que introdujo el dron está relacionado con los volúmenes de aplicación. Mientras los equipos tradicionales trabajaban habitualmente con 60 a 100 litros por hectárea, los drones permiten operar con volúmenes mucho menores.

Ese cambio, según Marcucci, también está dejando en evidencia problemas que antes podían pasar inadvertidos, especialmente en las mezclas de productos. “Hoy, al mezclar dos productos y ver el corte físico, nos estamos dando cuenta de que a lo mejor antes no hacíamos las cosas tan bien como las estamos haciendo ahora”, explicó.

Por eso, considera que los drones no necesariamente son más eficientes que un aplicador terrestre por el simple hecho de utilizar menos volumen. Lo que hacen es obligar a optimizar todo el proceso de aplicación, desde la mezcla hasta la calibración y el tamaño de gota. En este punto, también planteó que los marbetes deberían comenzar a incorporar recomendaciones específicas para aplicaciones con drones, siguiendo experiencias que ya existen en Europa.

El próximo desafío: profesionalizar la tecnología

Para Marcucci, el avance de los drones no se limita a sumar equipos al campo. El desafío es profesionalizar su utilización y adaptar las recomendaciones agronómicas a una tecnología que trabaja con parámetros diferentes. La mayoría de los drones actuales utiliza atomizadores rotativos, que permiten modificar el espectro de tamaño de gota variando su velocidad. Esto abre nuevas posibilidades de calibración, pero también exige mayor conocimiento técnico.

En un escenario de mayor humedad y una campaña que podría incrementar la demanda de fungicidas e insecticidas, Marcucci considera que la necesidad de contar con servicios de drones preparados será todavía mayor. “Lo que va a terminar pasando es que, a medida que nos vayamos acercando a los tratamientos fungicidas e insecticidas, la demanda de la incorporación de drones va a ser más grande”, anticipó.

El especialista también observa un proceso similar en la incorporación de nuevas herramientas para mejorar los ambientes productivos. Allí ubica a las enmiendas orgánicas, como Maxan, que buscan recuperar condiciones físicas del suelo, mejorar la infiltración y favorecer la disponibilidad de nutrientes.

En definitiva, para Marcucci, drones y enmiendas forman parte de una misma búsqueda: usar tecnología para transformar ambientes que hoy limitan el rendimiento y hacer más eficiente cada recurso aplicado al lote.

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