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Una economía circular de USD 1100 millones: el complejo manisero argentino

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La cadena se distingue por aplicar un modelo de economía circular que aprovecha el cultivo de manera integral y convierte sus residuos en energía, materiales e insumos de mayor valor agregado.


El último informe publicado por la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) enfatizó el peso económico del maní argentino. La cadena genera, en promedio, 1.110 millones de dólares anuales por exportaciones y avanza hacia nuevos negocios vinculados con la energía y la economía circular. El relevamiento es muy importante, ya que busca entender cómo un cultivo concentrado en la provincia de Córdoba consiguió posicionar al país entre los principales proveedores internacionales, a la vez que transforma subproductos industriales en recursos de mayor valor.

Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos recopilados por la BCCBA, Argentina es el sexto productor mundial con 1,4 millones de toneladas por campaña. Sin embargo, es el segundo exportador sólo detrás de India, participando en el 21,3% del mercado internacional. La diferencia radica en la estrategia: el complejo argentino tiene una fuerte orientación exportadora y una estructura industrial especializada.

El continente europeo sigue siendo un destino importante para la producción nacional. Países Bajos recibe casi 250 mil toneladas de maní, al tiempo que Polonia, Reino Unido, Rusia y China completan el mapa comercial. Este escenario presenta oportunidades pero exige estándares de calidad, trazabilidad y competitividad logística. El desafío no pasa solamente por aumentar las toneladas exportadas, sino por proteger los mercados frente a competidores que tienen el mismo afán de expandir su participación.

¿Cómo se compone la industria manisera argentina?
El corazón del complejo está en Córdoba, que concentra alrededor del 75% de la producción argentina y casi el 90% de su industrialización. Buenos Aires participa con el 12,9% y La Pampa con apenas el 5%. Así queda demostrada la importancia de los polos agroindustriales regionales, donde producción primaria, procesamiento y comercialización internacional funcionan integradamente.

Durante la campaña 24/25, la molienda alcanzó un récord de 280 mil toneladas. La producción de aceite llegó a 116 mil toneladas, creciendo interanualmente un 119%, mientras que los pellets sumaron 147 mil toneladas, un 117% más. El expeller llegó a las 17 mil toneladas, mejorando un 43%. Los resultados muestran que la industria vio oportunidades para profundizar la transformación de materia prima.

El Decreto 38/2025 estableció derechos de exportación del 0% para el maní blancheado y ciertos residuos sólidos de molienda. Esto constituye un antecedente en el debate sobre las retenciones y los incentivos al agregado de valor. Sin embargo, la mejora en las condiciones impositivas no elimina los riesgos comerciales, ya que, a pesar de que en la temporada 24/25 las exportaciones superaron las 933 mil toneladas (un máximo histórico), los menores precios internacionales impidieron que se tradujera en un récord equivalente de divisas.

Según la BCCBA, el maní blancheado ingresa en promedio US$ 488 millones por campaña, seguido por el tostado (US$ 312 millones) y el aceite (US$ 94 millones). En total, el complejo alcanza alrededor de US$ 1100 millones. La experiencia evidencia que la competitividad argentina no depende exclusivamente de la escala productiva, sino también de la capacidad de procesar, diferenciar productos y cumplir exigencias internacionales.

Nuevas oportunidades en el mercado
La transformación industrial permitió atravesar una segunda frontera económica, la de aprovechar la cáscara de maní como insumo energético. La empresa Prodeman, de General Cabrera, desarrolló esta actividad a través de OC Bio, con una central de 10 megavatios, suficiente para abastecer hasta 18 mil hogares al año. Generación Ticino Biomasa, en la localidad homónima, dispone de una planta de 4,63 megavatios que funciona desde 2018. Ambas experiencias mostraron cómo un residuo de la agroindustra puede incorporarse a la cadena de valor.

Durante los primeros 8 meses del período relevado, la electricidad obtenida por biomasa de maní alcanzó los 50,9 gigavatios por hora (GWh), un crecimiento por año del 19%. El aprovechamiento energético permitió diversificar las actividades industriales y reducir el volumen de residuos que requieren disposición. En un mercado internacional que prioriza las exigencias ambientales, estas tecnologías pueden pasar a ser herramientas de diferenciación. Su rentabilidad, empero, depende de inversiones, eficiencia operativa y condiciones del mercado energético.

Además, las cenizas de la combustión pueden utilizarse en ladrillos, mientras que la cáscara presenta posibilidades para fabricar bloques, tableros y otros materiales constructivos. Las estimaciones del informe de BCCBA indican que existe un potencial de entre 65 y 163 mil toneladas anuales, dependiendo del rendimiento industrial, lo que abre perspectivas para desarrollar insumos destinados al manejo de suelos.

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